
Que la Cabalgata del Orgullo Gay no es igual que las procesiones de Semana Santa lo sabe hasta el señor Torrijos. Y lo sabe gracias a la única escala de valores que tienen los comunistas: el dinero. Si difícil es que un camello pase por el ojo de una aguja, más todavía es encontrar un comunista pobre.Para Torrijos la Cabalgata es más importante que las procesiones, ya que les va arrimar una pasta que no les da a éstas. O sea.
Si los sevillanos fuéramos lo que antaño fuimos – finos y fríos, Unamuno dixit -, el señor Torrijos llevaría ya muchos años retirado de la vida pública; pero por desgracia, las cosas han cambiado. Ahora se aguanta todo. Hasta las provocaciones continuas del poder hacia los ciudadanos a los que tiene que servir.
Sin embargo esto es lo que hay.